El coronavirus ha hecho que la Semana Santa de 2020 sea inolvidable en todo el mundo. Las celebraciones cristianas han tenido que recurrir a la tecnología para llegar a todos los hogares. Hemos tenido que conectar el canal de Youtube para poder ver la soledad del Papa en el Vaticano, la soledad de la Virgen de Fátima con una explanada totalmente vacía… Incluso mi abuela, a través del Facebook en su Tablet, se emocionaba al seguir la misa de su parroquia sin fieles.

Este tiempo nos ha enseñado que NO podemos controlar los acontecimientos y que debemos aceptar las dificultades. El silencio de nuestras ciudades y nuestros pueblos, la solidaridad de la gente con los que más están sufriendo, los aplausos de agradecimiento a los sanitarios que están dándolo todo nos han ayudado a saber que aunque las iglesias estén cerradas y los sagrarios solos, Dios se salta las barreras, ha resucitado y ha venido a celebrar la Pascua con nosotros.

Gracias Señor por tu compañía.
María