Me llamo Patricia, tengo 27 años y he vivido esta Semana Santa en casa con sensaciones agridulces. Mi vida de fe se desarrolla principalmente en la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Campamento, Madrid y por un lado ha sido un poco triste no poder hacer esas sencillas cosas en semana santa que hacemos todos juntos. EL cantar, el poder abrazarnos después de un oficio, el ir a comer todos los jóvenes juntos y hablar un poco de todo y de nada, compartir la fe, la alegría, la esperanza…

Pero me hace feliz saber que, de algún modo, sí que lo hemos compartido. Hemos estado juntos.  A través de Skype, es cierto, pero juntos. Aunque hayamos visto los oficios por la televisión, hemos hecho en grupo la hora santa, el vía crucis, los laudes… y lo bonito es que cada uno preparaba algo, daba un poquito de sí y podías ver en su oración o en su pregunta un poco de esa persona.

Aunque les echo de menos, el día que nos reencontremos será una gran fiesta. La esperanza mueve el mundo… La esperanza mueve nuestros corazones.

Cristo ha resucitado en nuestras casas y aún sin vernos físicamente he podido sentir la alegría de la resurrección.